domingo, 13 de abril de 2003

Desde que abrí esta ventana, al menos trece pares de ojos (¡dieciséis ya!) han echado un vistazo a lo que hay a este lado. Es extraño dejar paso a tanto desconocido a un territorio tan personal. Pero al mismo tiempo que se hace raro saberse leído por gente a la que parece interesar lo que piensas y cómo lo cuentas, es una sensación reconfortante saber que, en medio de la nada que es este medio, una no está sola. Me miran, luego existo.