lunes, 28 de abril de 2003

Me pregunto si en esta vida hay que pasar por determinadas cosas inevitablemente, aunque sea tarde y a destiempo. Si no es posible saltarse determinadas situaciones, ciertos sentimientos, hechos que, tarde o temprano, terminan por ocurrir, aunque llegue un momento en el que ya no los esperes y, además, te vengan fatal. Yo creía que sí, pero la realidad me está quitando la razón. Qué gran verdad es eso de que el corazón tiene razones que la razón no entiende. Una lógica descabellada y sin control posible la de los sentimientos, en la que cualquier intento de poner orden lleva a la más absoluta de las desesperaciones. No hay nada que hacer. Sólo vivirlo. Dejarse arrastrar por la corriente, o bien luchar contra la inevitable cascada que siempre vemos demasiado tarde. Sin arrastrar en nuestra caída a demasiada gente. E intentando salir lo menos magullada posible del trance.

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