martes, 6 de mayo de 2003

Aunque parezca que has logrado tus objetivos. Aunque todo lo que soñaste, curiosamente y sin que sirva de precedente, haya terminado por ocurrir. Aunque te digan "No puedes pedir más". Por mucho que intentes conformarte con lo que vas teniendo para sufrir menos por lo que te falta. Por mucho que agradezcas cada día cada pequeña victoria. Por mucho que afirmes que no, que lo que llegue será bienvenido, la decepción siempre termina por aparecer. Agazapada tras nuestra fachada de suficiencia y de estar de vuelta de todo. Dispuesta a lanzarse sobre nuestra yugular y dejarnos exangües, sin fuerzas, lentamente, hasta que un día, de repente, notamos que la cabeza nos da vueltas, y tenemos que apoyarnos en la pared, cerrar los ojos, y reconocer que nada es lo que habíamos esperado. Por exceso o por defecto. Porque era eso, pero no de esa manera. O lo que es peor, sí que lo es, tal cual, exactamente igual que lo deseamos con tantas fuerzas que dolía. Pero, ¿acaso es eso lo que ahora, en este instante, queremos? Pues seguramente, no.

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