lunes, 26 de mayo de 2003

La casa sigue aquí, a pesar de mi sensación repetida en cada viaje de que, a mi vuelta, no estará. Cuando viajo me voy, pero de verdad, y lo que dejo atrás desaparece, dejando paso a lo que estoy viviendo. Nunca como en esos momentos siento eso de ser yo y mis circunstancias. Yo, mi maleta y el lugar donde estoy. El resto se difumina, tanto que a veces asusta un poco. Y a la inversa. Cuando vuelvo, hay una primera fase de irrealidad respecto a lo vivido horas antes que me da bastante miedo, y ahora mismo estoy en ese momento “¿pero de verdad he estado fuera casi dos semanas?”. Las fotos podrían ayudarme a superar esa angustiosa sensación de no haberme ido a ninguna parte, pero no soy muy aficionada a la fotografía. No es que no me guste, es que nunca encuentro el momento para hacerlas. Tengo la sensación de verme obligada a “salir” de la acción para quedarme mirando cómo ocurre, y eso lo odio, aunque sea tan momentáneo como el instante de tomar una foto. Nunca pienso en cuando vuelva, y cómo me gustará recordar, viendo de nuevo lo que decidí llevarme en foto. Si ni siquiera tengo la sensación de que mi vida siga ahí cuando llegue la fecha escrita en mi otro billete de avión... Creo que cuando viajo es cuando más fuerte siento que la vida es el ahora, quizás ni siquiera las cinco letras, porque en un instante puede quedarse en “aho..”, y todo se habrá acabado. Y entonces, ¿para qué querré unas fotos?

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