miércoles, 14 de mayo de 2003

Los próximos doce días dejaré esta ventana sola. Abierta de par en par, eso sí, para que quien quiera echar un vistazo lo haga, y sobre todo, para que no se me sequen las plantas del alféizar... No quisiera que mi ausencia las hiciese languidecer. Dejo la regadera a mano, sólo hay que ponerse de puntillas y echarlas un poco de agua. Un comentario breve, cuatro palabras, un corazón que vibre, un espíritu que reflexione... todo será agua de mayo para una ventana que no quiere cerrarse, pero que no sirve para nada si nadie se asoma a ella, si no deja entrar la luz, la del sol, pero también la de las estrellas...

Yo pasaré mis días mirando, pero en la oscuridad de las salas de los cines de Cannes, más “voyeur” que nunca. Dudo mucho que pueda sacar un rato para pasarme por aquí, así que no prometo nada que no sé si podré cumplir. Eso sí, a mi vuelta tendré los ojos llenos de rostros y paisajes, el espíritu repleto de historias, y el alma ansiosa por volver a acodarme en esta ventana, tan querida y a la que ya empiezo a echar de menos...

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