martes, 27 de mayo de 2003

Me he pasado la vida intentando que no me arrastrara el pesimismo, luchando contra corriente para no dejarme llevar por el sentimiento de culpa, revolviéndome como una fiera ante la idea de conformarme con lo que hay, rebelándome febrilmente contra el miedo a vivir al 100%. No ha sido un camino fácil, he tropezado muchas veces con piedras enormes que me ha tocado rodear para poder seguir adelante, y en muchos tramos me he visto sola, con el resto de la gente mirándome por encima del hombro. Pero esa obstinación me ha permitido poder mirarme al espejo y seguir reconociéndome sin sentir vergüenza. Y, sobre todo, sin cargar con el peso invisible pero insoportable de todo aquello que no me atreví a hacer.

Quizás porque he visto a demasiada gente doblada por la carga de una vida entera haciendo lo que no querían. Aceptando resignadamente que las cosas son así, sin plantearse otra opción. Sin ilusión, ni ganas de cambiar, de descubrir, de avanzar. Gente que respira, y envejece, y regenera la especie, pero que se limita a pasar por este mundo, mientras espera su turno para el otro...

Y yo quizás aspiro a demasiado, pero simplemente quiero poder decir que he vivido.

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