lunes, 5 de mayo de 2003

A mi derecha, una señora cincuentona cuenta a todo el que tenga oídos lo requetebien que se lo ha pasado en la Feria de Abril. A mi izquierda, un adolescente le explica a la peluquera cómo quiere la cresta, aunque ¿podrá arreglar el estropicio que se ha hecho él solito frente al espejo? "¿Qué te vas a hacer?" "Cortarme." "Son 21 euros". "Gracias, hasta luego!" Ni una sola palabra más. ¿Qué tendrá la atmósfera de las peluquerías para enmudecerme de ese modo? ¿Algún vapor nocivo procedente de la laca? ¿O será un ultrasonido paralizante del secador de mano? Ni pío. Incapaz de enhebrar una conversación mínima. Mi lado autista en estado puro. Menos mal que sólo me corto el pelo cada dos meses.

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