martes, 3 de junio de 2003

Hoy me he visto desde fuera, y me ha gustado mirarme. Igual que en los sueños, en los que te ves al mismo tiempo que actúas. Me he escondido detrás de un árbol, y me he espiado a mí misma, pero no me he descubierto. Cuando menos lo esperaba, me he sorprendido irradiando algo parecido a la felicidad, una especie de fluido energético capaz de cambiar la vida a la gente. He notado que alguien me tocaba el hombro, me he dado la vuelta, pero no había nadie. Desde detrás del árbol, tampoco yo he visto nada. Pero también he sentido esa sacudida, un escalofrío que me ha recorrido el espinazo y me ha puesto de punta los pelillos de la nuca.

No os veo, pero sé que estáis ahí.

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