lunes, 2 de junio de 2003

Indolente por completo, deambulo por la casa, sin ganas de nada. Me arrastro hacia el ordenador, y quizás no debería estar escribiendo esto, porque no tengo nada que contar y las palabras no hay que malgastarlas, pero aquí estoy. Quisiera tumbarme, cerrar los ojos, dormitar, dejar pasar las horas. Pero abriría los ojos, y me encontraría en el mismo punto, con el mismo sentimiento de abandono, con la misma desidia que me paraliza. Sólo tengo ganas de estar quieta, de vacíar mi mente de cualquier pensamiento que traiga enganchados, como las cerezas, otros conceptos, quizás sentimientos que me arrastren al abismo; sólo quiero balancearme sobre una palabra, sus sílabas y sus letras, hasta que su significado se diluya, y sólo sea un sonido vacío, unos trazos sin vida, bailoteando en mi cerebro, chocando sin control contra las paredes de mi cráneo. Intentaré levantarme, aunque seguramente ni siquiera podré mover un dedo, porque sé que mi cerebro va a ser incapaz de transmitir la orden, y me veré a mí misma, como el que observa a un insecto mimetizado con una rama, en un estado letágico que, quién sabe, quizás sea lo más cercano a la muerte que se puede sentir en vida...

Yo antes empezaba así hacia el mes de Agosto...

Uf. Qué malo es el buen tiempo.

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