miércoles, 30 de marzo de 2005

Sumergirse en la blogosfera al buen tun-tun es una aventura tan arriesgada como apasionante. Yo lo necesito de vez en cuando. Y no porque no sea fiel a mis habituales, que lo soy, pero es que no pudo evitarlo: me pierde el vértigo del hallazgo. Porque no sé qué es más emocionante, si seguir de cerca a la gente interesante que vas conociendo un poco más cada día que les lees, o ese primer chispazo del momento inicial del descubrimiento, el sentir que esa persona te transmite algo auténtico y querer más, y beberte cada uno de sus posts con interés, implicándote de veras, llegando incluso al afecto sincero. En ese deambular de enlace en enlace también hay encontronazos desafortunados, textos para echarse a llorar, gente que te espeluzna, pero ni más ni menos que lo que puede ocurrir en la vida palpable y física.

El mundo es amplio. Y además la gente vive y se mueve siempre por los mismos círculos cerrados. Y no todas las personas están dispuestas a dejar que otros entren, o sencillamente resulta que no saben abrirse para dejar entrar a otra gente. Es por eso que este universo blogosférico, en el que con tanta facilidad es posible llegar a lugares y personas lejanas, pero al mismo tiempo tan cercanas…,puede llegar a ser tan tentador. Tan adictivo. Tan sugestivo.

Tan maravilloso.

 

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