sábado, 9 de abril de 2005

Crece el deseo como crece la mala hierba, invadiéndolo todo, apoderándose del terreno que pisas, enredándose en tus pies y haciéndote tropezar. Cubriendo tu vida poco a poco, pero sin piedad, sin dejar ni un solo resquicio libre. Brotando allí donde había cotidianeidad, de ésa que a veces se confunde con la rutina. Creciendo tupido y espeso en las estepas de tu aburrimiento. Enmarañándose en las zonas más ocultas de ti mismo, tapando rincones llenos de telarañas y soledades. Haciendo que te lances al vacío sabiéndolo, y aún así, que no te importe. Eres consciente de que te espera el fondo del abismo, pero el miedo no te frena, al contrario, ese vértigo te acelera el pulso, hace que te hierva la sangre, y saca de ti ese lado salvaje y suicida que a veces asoma la cabeza, pero que la prudencia y el miedo logran hacer recular la mayor parte del tiempo…

Sabes que la ley de la gravedad también rige para ti, pero también estás convencido de que esta vez no te estrellarás.

Porque caerás en sus brazos.

0 comentarios: