martes, 19 de abril de 2005

Las primeras veces tienen el encanto de lo novedoso, ese aleteo del corazón, el vértigo de un abismo que te llama, y que siempre imaginas profundo, aunque no todas las veces sea un desfiladero sin fondo, y en demasiadas ocasiones, cuando esperabas despeñarte, tan sólo terminas pegando un traspiés que te hace perder un poco la compostura y te deja el tobillo hinchado durante unos días… Pero incluso un batacazo, si es por la buena causa de una primera vez, merece la pena, aunque sólo sea por la emoción previa, ese retortijón del estómago, la conciencia de momento único que te nubla un poco la vista, y te hace ser consciente de algo básico y que tantas veces olvidamos: que aunque volvamos al día siguiente al lugar de los hechos y el paisaje parezca idéntico, nosotros ya no somos los mismos…

0 comentarios: