lunes, 30 de mayo de 2005

Hay que estar muy solo y aburrido para leerse la composición del ketchup mientras te comes el plato del día. Nada de un vistazo distraído, antes de soltar el sobrecillo vacío tras estrujarlo sobre las patatas fritas. Leído y bien leído. De pe a pa. Durante varios minutos. Como si fuera lo más interesante de este mundo.

Pero también hay que estar muy sola y aburrida para quedarte con el tenedor el alto mirando al tipo de la mesa de enfrente que lee el sobre del ketchup…

Me gustaría ser capaz de abordar a otro solitario en su mesa, o mostrar una actitud que hiciera que otra solitaria acercara su silla a la mía y me dijera: “Me he leído ya los ingredientes del la mayonesa y la mostaza. Creo que si sigo con los del ketchup, vomitaré… ¿Te importa si me siento contigo?” Pero supongo que si me quedo mirando a los solitarios que leen lo que pone en el ketchup es porque no abordaría jamás a otro solitario, por muy patético y lastimoso que me pareciese, por muy deprimente y triste que me resulte comer sola.

Por eso es por lo que estoy escribiendo esto en una servilleta, mientras el del ketchup saca veinte euros de la cartera, y la camarera le pregunta si tiene la tarjeta Vips…

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