jueves, 30 de junio de 2005

Acabo de hacer una auténtica escabechina en mis enlaces de blogs que leo. Supongo que más de uno lo tomará como algo personal y me borrará de sus links, como me ha ocurrido ya alguna vez, pero eso es algo que no es asunto mío. Igual que añado a gente que me interesa, me siento capaz y legitimada para quitarla cuando ya no la leo con el mismo interés, cuando me paso días sin pinchar en esos nombres para leer lo que cuentan. Así que, cada cierto tiempo, hago limpieza y tan sólo dejo en la columna de “Miro” las bitácoras que leo con auténtica avidez, esos blogs que no puedo pasar sin leer, esos que, cuando me paseo por sus páginas, logran que dé las gracias a Santa Tecla o a quien sea menester por haberme descubierto este universo bloguero que tantas alegrías me ha dado desde aquel primer post en el que declaraba mis intenciones de mirar y dejar que me mirasen.

Y me he dado cuenta de algo que no había visto hasta ahora, un dato que me había pasado desapercibido, pero que estoy segura que tiene su intríngulis, auque desentrañarlo tampoco me quita el sueño: todos los enlaces que tengo (y los que he borrado también) son de blogueros. Hombres. Ni una sola fémina.

Curioso. Muy curioso.

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