martes, 21 de junio de 2005

Hoy he tenido la posibilidad de decir a alguien que tengo un blog, y no lo he hecho. No he sido capaz. No me he atrevido, vaya. F. me ha pillado en mi bar del hotel con mi cuaderno, garabateando algo parecido a un haiku, y, lógicamente, viéndome concentradísima y ensimismada, sin verle llegar hasta que se ha sentado a mi lado en el sofá, me ha preguntado si escribía un diario. Yo he cerrado inmediatamente la libreta y le he dicho “Bueno, sí, digamos que escribo algo parecido a un diario”. ¿Por qué no he seguido hablando y le he dicho claramente “Pues sí, escribo un diario en Internet. ¿Sabes lo que es un blog?”, para acto seguido darle la dirección de esta página y sanseacabó, a otra cosa? Pues sencillamente porque no he podido. He sentido las frases bailotear en mis labios, pero no han podido salir, no las he dejado. Lo cierto es que nadie de mi círculo “real”, exceptuando a mi hermano, conocen este rincón. Y hoy me he dado cuenta de que quiero que eso siga así. Lo que me ha inquietado más ha sido esa sensación de no querer compartir esto con alguien de la vida corpórea, de la realidad más palpable y cercana. ¿Qué es lo que temo? ¿Que me vean demasiado claramente? ¿Qué pretendo ocultar? Supongo que la visión que se pueda tener de mi tras leer lo que escribo aquí es demasiado nítida, y eso trae consigo una dosis de vulnerabilidad que, lo confieso, en manos de gente demasiado “cercana” me asusta. Me asusta de veras. Está claro que el anonimato protege, aunque ¿de qué? Porque, paradójicamente, algunos de los que se han asomado a esta ventana sin conocerme, gente del cibermundo tan intangible y lejana a mi realidad más inmediata, han terminado saltando al otro lado del espejo. Con desigual resultado, también hay que decirlo, pero de forma natural y lógica, en un proceso que jamás me ha preocupado dejar fluir. Las situaciones han terminado pidiendo ese salto, y yo lo he dado o lo he dejado dar sin dudarlo, con curiosidad e interés, con emoción y nervioso placer. Algunas personas que terminaron materializándose se han ido diluyendo lentamente, hasta desaparecer. Otras se esfumaron al poco, tan bruscamente, tan de repente como llegaron. Las menos siguen ahí, y creo que seguirán durante mucho tiempo. Y sé que seguirá siendo así. Entonces ¿por qué lo de hoy? ¿Qué hace tan difícil el salto en sentido inverso, de lo "real" a lo cibernético? No tengo ni idea, pero me lleva a preguntarme, no sin algo de inquietud, si la atmósfera de la blogosfera no será mucho más beneficiosa que la del mundo tangible… Al menos en lo que a mi y a mis relaciones con la gente se refiere…

0 comentarios: