viernes, 17 de junio de 2005

Si un día cierro esta ventana y abro otro blog y, como hace la mayoría de la gente, decido ocultarme tras un seudónimo, creo que lo tendría muy fácil a la hora de elegirlo. Igual que ella, siempre termino pensando en los demás antes de pensar en mí misma, aunque eso suponga que termine desquiciada y me quede medio calva por culpa del stress. No tengo un marido que me desespere a cada paso que dé y que se me emocione oyendo “Lluvia de hombres”, pero, como le sucede a ella, también yo estoy loca por él, aunque yo sí que tenga muy claro el por qué… Mi vida podría haber sido muy distinta, seguramente mejor, aunque ¿quién decide que sea peor preparar el desayuno de sus tres hijos o bregar con un abuelo inmanejable que ser una pintora de éxito o una eficiente agente de la autoridad? ¿Acaso los mismos jueces que consideran que no usar aquello para lo que se estudió es signo de fracaso, aunque salte a la vista que una vale mucho más para lo que hace que para lo que, con buen criterio, nunca hizo ni hará? Yo no tengo miedo a montar en avión por culpa de ningún trauma infantil, pero como ella, no logro librarme de ese miedo a sentirme sola desde aquellos lejanos años de mi niñez de niña poco popular, estudiosa y con gafas. y aún hoy, tanto tiempo después, sigue asustándome mucho ese sentirme siempre fuera de lugar, sintiendo que la vida me resbala, como si llevase un chubasquero, mientras el resto de la gente ríe y chapotea en los charcos…

Ella no tiene soluciones para todo, pero todo parece menos caótico cuando ella está cerca… Y como me pasa a mí, poca gente sabe aparcar sus problemas para interesarse por los suyos, quizás porque la falta de costumbre hace que no hablemos casi nunca de nosotras mismas, y lo que mejor hagamos sea escuchar… Ella lo hacía por ayudar al Reverendo Lovejoy, que no podía con tanto problema de sus feligreses y le pidió un poquito de colaboración en plan voluntariado. Yo lo hago porque…. ¿por qué lo hago yo?

Pues no sé por qué lo hago, pero lo que sí tengo claro, cada día más, es que soy una Marge Simpson ibérica, sin el pelo azul ni la piel amarilla, pero, como ella, incapaz de escapar a mi destino: ser La Señora que Escucha…

0 comentarios: