miércoles, 24 de agosto de 2005

Hoy podría escribir uno de esos posts deprimentes, de esos que zarandean el alma del que lee, de los que tiran con bala a la zona más vulnerable y compasiva que todos, incluso los más duros, tienen, pero no voy a hacerlo. Sería como dar la razón a la teoría de la depresión post-vacacional, y tampoco es eso. Mi vuelta al tajo no ha sido especialmente traumática, así que no voy a lloriquear porque tengo que volver a currar mientras aún hay gente de vacaciones, a pesar de atisbar borrascas y nubarrones bien negros laboralmente hablando en un horizonte no muy lejano... Ha sido el hecho de tener que madrugar el me trae a mal traer, el arrastrar un cansancio que no me suelta y que reduce mis tardes a comer a las tantas, dormitar un rato, obligarme hacer algo en casa (ese cerro de ropa lavada tras deshacer la maleta de las vacaciones… brrrrr… escalofíos me dan), intentar escribir un post digno que no llega ni a tres tirones y leer blogs ajenos… Estoy baja físicamente, cansada, con sueño, sola en casa, aburrida e indolente, con la sombra terrible una cita con el dentista ahí mismo, el lunes, pero no es sólo eso. Ojalá. No quiero, y me resisto, pero no puedo evitarlo: me invade esa tristeza sin sentido que hacía meses que no me asaltaba, la peor, la que te atosiga más por su falta de razones que por su intensidad o su negrura. Y siento lo frágil del equilibrio en el que me muevo, el hielo fino y resbaladizo del que está hecho eso que unos llaman felicidad y otros ausencia de desgracia, un pantanoso territorio por el que puedes deslizarte a toda velocidad y haciendo piruetas y llegar lejos, o por el contrario, en un pestañeo, a poco que te descuides, estrellarte y morir desnucado…

Sí, siempre queda el recurso de quitarse los patines y andar, pero hay caminos que, una vez andados, no hay forma de desandar: sólo tienen un sentido. Y no te queda más que seguir adelante, incluso en días en los que estás triste y no sabes por qué, y te sientes más mohína e infeliz aún por esa ausencia de razones. Aunque no sea más que por esos otros días en los que tampoco tienes muy claro por qué te sientes tan bien y tan oportunamente puesta en este mundo.

En fin.

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