lunes, 29 de agosto de 2005

Una, aunque ya veterana en esto de la virtualidad y la cosa blogosférica, tiende, quizás por un carácter por naturaleza débil y confiado, a pensar bien. Aun así, de vez en cuando, el instinto de protección, la experiencia o, sencillamente, el sentido común hacen saltar la alarma, y te recuerdan que éste es un caldo de cultivo demasiado cálido y propicio a la proliferación de tarados y farsantes, y haberlos haylos, a pesar de que la luminosidad de la buena gente que te cruzas te ciegue y te vuelva “chupilandístico” y confiado, haciéndote olvidar que nunca, y menos en la cibercosa, hay bajar la guardia. Jamás.

Recuerdo la decepción al saber que la famosa Berta Bertotti, la señora gorda argentina que escribía un diario, no era más que una ficción de un argentino brillante, Hernán Casciari. Creo que en mi yo bitacoril hubo un antes y un después de esa revelación, un poco como tras el descubrimiento de la auténtica naturaleza de SSMM Los Reyes Magos. Me siguió encantando el blog de Mirta, pero desde entonces miré los blogs con mucha menos inocencia, disfrutándolos, sí, pero con reservas, sin ese candor arrebatado y generoso, sin esa empatía a tumba abierta, de alma a alma. Con placer, curiosidad inagotable, y gozando de los que merecen ser gozados, pero muy a mi pesar, incluso en los mejores momentos, sin poder evitar ya en mi mirada un escepticismo tenue, sutil, casi imperceptible, pero que está ahí. Yo sé que está ahí…

La polémica desatada por la ausencia de Nepomuk (sólo hay que leer los tropecientos mil comentarios de su último post) ha vuelto a abrir esa antigua herida mía sobre la verdad-mentira de las bitácoras. Lo cierto es que yo nunca había dudado de la autenticidad de Ariel Serlik y su blog, pero hay gente que lo hace, le llama farsante, pone en duda su ausencia por ingreso hospitalario, y lo cree de vacaciones, usando la compasión de sus fans para aumentar su número de votos en el concurso del “20 Minutos”, donde, por cierto, está en los primeros puestos. Retorcido y cruel. Demasiado desalmado e hiriente para la gente que de veras se está preocupando por la salud de Nepomuk. No quiero pensar que alguien sea capaz de algo tan ruin, aunque tampoco soy tan ingenua como para no ser consciente de que habrá gente capaz de cosas así e incluso peores. Pero no puedo pensar algo así de alguien como Nepomuk. No. Me niego. Sin embargo, aún así, es tan triste, tan desalentador que alguien llegue a vislumbrar una posibilidad semejante, tan desalmado, tan manipulador y tan desagradable, que, a pesar de todo, a pesar de que me rebelo ante algo tan repugnante, no puedo dejar de sentir una amargura y un desencanto que, lo sé, desaparecerá poco a poco, pero que, pase lo que pase con el asunto de Nepomuk, se llevará consigo un poco (o un mucho...) más de esa inocencia candorosa con la que, allá por mayo de 2003, me asomé por primera vez a mi ventana…

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola Teresa, me gustaria comentar en privado contigo el caso Nepomuk, como podriamos ponernos en contacto para hablar del tema, un saludo.

Teresa, la de la ventana dijo...

Anónimo, tienes mi correo en mi perfil de Blogger, escríbeme cuando quieras.

Anónimo dijo...

hola otra vez, no doy con tu correo, otro enlace donde sea mas sencillo, gracias.

Teresa, la de la ventana dijo...

Es fácil: desdemiventana@gmail.com