sábado, 10 de septiembre de 2005

Cuando me di cuenta de que me gustaba escribir, también descubrí que no podía hacerlo, sencillamente porque no tenía nada que contar. Era yo demasiado joven y no había hecho en mi vida otra cosa que ir al colegio y después al instituto. Literalmente. Para poder escribir algo medianamente interesante necesitaba vivir un poco, tampoco mucho, pero sí un poquito, si no cualquier cosa que decidiera escribir sonaría falsa, de oídas. Era preciso haber amado para poder hablar del amor. Ver morir a alguien para poder transmitir la angustia de una pérdida. Viajar para poder describir algo más que mi barrio y la Puerta del Sol. Sentirme traicionada para ser capaz de dibujar el escozor del desdén. Traicionar para ver la sorpresa y la decepción en los ojos de otro. Morir un poco para poder describir cómo hay cosas que se deshacen entre los dedos y jamás se recuperan.

Luego vinieron tiempos en los que me dediqué a vivir. Y no tenía ni ganas ni tiempo para escribir sobre ello. Algún relato lograba romper la barrera de mi pereza, pero a duras penas. Y cada vez que lo lograba me daba cuenta de que ya no tenía la disculpa de no saber qué contar ni cómo hacerlo, porque ya no era una niña de diez años que quería escribir una novela del oeste porque había visto una película de John Ford la noche antes. Ahora podía escribir, y hacerlo bien, por lo que me sentía horriblemente culpable por no ser lo bastante disciplinada y malgastar mi tiempo de ese modo. Luego descubrí la blogosfera y logré adormilar un poco a mi conciencia, medio engañándola con que esto de escribir el blog también era escribir. Pero sólo era eso, una disculpa, una treta para justificar mi galbana, y aunque dejó de remorderme durante un tiempo, la mala conciencia por llevar casi dos años sin escribir un mísero relato ha vuelto a despertar, mucho más virulenta y sarcástica, odiosamente sincera y con toda la razón del mundo, y me tortura, me atormenta sin piedad llamándome vaga y cobarde. Porque hay mucho miedo a no estar a la altura de tantas expectativas, de tantos años creyendo que valgo para esto, ahora que ya tengo material para poder escribir algo que valga la pena. ¿Y si después de todo me gusta escribir, sí, pero no soy capaz más que de escribir un blog, ni siquiera de los mejores de la blogosfera, y algún relato una vez cada dos años?

Supongo que no me queda otra que descubrirlo de una vez por todas.

0 comentarios: