viernes, 9 de septiembre de 2005

Cuando miro por mi ventana a veces tengo la sensación de que lo hago a través de uno de esos cristales de las limusinas, yo lo veo todo cómodamente instalada, tengo una visión panorámica nítida de la calle, de los otros coches y de los peatones, pero a mí nadie es capaz de verme con claridad. Los que se paran a mirar tan sólo me intuyen sentada en el asiento trasero, pueden ver que soy una mujer, que tengo el pelo corto, y oscuro, pero poco más: serían incapaces de reconocerme si se cruzaran conmigo fuera de ese coche.

Sin embargo, no sé por qué, a veces, cuando miro por mi ventana durante mucho rato, termino abriéndola, porque necesito aire fresco, porque me canso de estar sola, porque lo que veo ahí fuera parece interesante, pero lo único que consigo es que entre polvo y ruido, mientras la gente, simplemente, pasa de largo...

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