lunes, 26 de septiembre de 2005

Estimado Lector:

No, no es a vosotros, cualquiera de los que venís a leer habitualmente este blog, ni a ti, lector errante que, sin saber cómo, has llegado hasta aquí por primera vez y debes estar alucinando al ver que un post que se dirige directamente al que lee, en segunda persona. Es a ti, sí, sí, a ti, comentarista intermitente que firmas como “Lector” y quien, al no dejar a su paso rastro, ni un mal blog de referencia, ni un e-mail de contacto, es como si firmases como “Anónimo”. En vista de lo cual no me queda otra que dirigirme a ti aquí, dedicarte un post que sólo a ti te incumbe, ya que, por alguna extraña razón que podría ser cobardía o simplemente unas ganas locas de que te dedique más atención de la que tendrías de otro modo, te impide mostrarte a cara descubierta y dejar una huella que permita tratar contigo de forma directa, sin necesidad de que el resto de los lectores tengan que asistir a algo que, a fin de cuentas, ni les importa, ni seguramente, les interesa lo más mínimo.

Aún así, después de todo, digo bien cuando digo “estimado”, porque el solo hecho de que te dignes a perder parte de tu, lo sé, valiosísimo tiempo, hace que merezcas parte de mi estima. Una parte ínfima quizás, apenas significativa, puesto que no te conozco y difícilmente se aprecia a alguien de quien se ignora todo, pero también una parte suficiente como para ser tenida en cuenta, al tender una, ya sea por debilidad de carácter o por costumbre demasiado arraigada, a valorar cualquier esfuerzo de cara a mi persona, por mínimo que sea. Por lo cual, ya desde el saludo, antepongo mi agradecimiento a cualquier otra apreciación de las que vendrán más adelante: un agradecimiento que mi vanidad no puede dejar de tener en cuenta, ya que ni siquiera ella pensó en ningún momento que mi persona podría despertar tanta polémica. Sobre todo, por la paradoja que, confieso, no deja de asombrarme, cuando tú, estimado Lector, afirmas con una contundencia inusitada que soy alguien hermético y cerrado como una lata de conservas, pero al mismo tiempo sacas conclusiones de lo más variado sobre mi carácter (soberbia, falta de humildad, orgullo, insatisfacción, gusto por ser como soy, distancia con mis lectores, miradas por encima del hombro a ellos y al resto de la humanidad, etc.). Me asombra tu capacidad de definirme y hablar sobre cómo soy mientras afirmas que no hay quien hinque el diente a mi persona, y me atrevo, ya sin rubor ninguno, a preguntarte tu secreto para ver tanto en alguien que no enseña nada.

Tus comentarios me parecen oportunos por el solo hecho de venir de ti, sin embargo, puesto que me pides cuentas y me atacas de manera más que personal creo que el lugar donde dártelas no era ni el cuadro de comentarios ni menos éste. Tengo por norma no contestar a los comentarios que me hacen, a fin de no sentar precedentes y no obligarme a responder a todos. Apenas tengo tiempo de escribir, por lo que sé que no sería rigurosa a la hora de responder a los comentarios, así que, de un tajo, suprimo esa opción. Ya ves, olvidaste “pereza” dentro de tus calificativos sobre mi persona. Como puedes comprobar, he vuelto a caer justamente en lo que siempre he evitado: escribir un post entero como resultas de un(os) comentarios. Pero bueno, una golondrina (ni siquiera dos) no hace verano, así que espero no tener que volver a aburrir a quien no tiene por qué aburrirse con algo que debería solventarse en la privacidad de la correspondencia entre los interesados, es decir, entre tú y yo.
En fin, estimado Lector, sólo añadir que tu opinión sobre mi es algo que puedes expresar cuantas veces quieras y de la forma en la que desees, por lo fino o por lo basto, ya que una cuenta con todo tipo de opiniones cuando es posible que te lea cualquier tipo de gente, y no sufre más que lo necesario cuando vienen mal dadas, igual que sólo se ronronea lo justo cuando lo que tocan son halagos. Lo que no estimo correcto, tú que tanto buscas la claridad, la apertura y la transparencia, es que tú sepas dónde encontrarme para dar tu opinión sobre mí pero yo (ni nadie) pueda llegar hasta ti para rebatirte o felicitarte por tus erróneos o acertados juicios.

Y que sepas, estimado Lector que, como todo el que quiera pasarse por aquí, siempre serás bienvenido a este mi humilde blog.

Un saludo.

Teresa

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