jueves, 1 de septiembre de 2005

La sinceridad es como esa ropa muy de vestir, elegante, fina, delicada de mantener, de la que todos tenemos alguna prenda en el armario y que, por lo difícil de combinar solemos ponernos contadas veces. Es más fácil tirar de vaqueros y camisetas, e ir no sólo más cómodos, sino tener muchos menos problemas a la hora de lavar, ya que basta con meterlo en la lavadora y, a veces, ni siquiera plancharlo. Pues igual pasa con eso de decir lo que uno piensa en los momentos más inoportunos: es incómodo, políticamente poco correcto, impopular, y la mayor parte de las veces te trae más problemas que otra cosa. Sería mucho más práctico terminar diciendo lo que se supone que debes decir, lo que es más favorecedor para ti, lo que contribuiría a hacerte mucho más popular y reconocido, eso que te unirá a la masa en lugar de separarte de ella, convirtiéndote en un traidor y un renegado. Es cuestión de gustos (o de carácter, en este caso) decidirse por un estilo formal y muy de vestir o por lo "casual" o decididamente "grunge". O cuestión de carácter, en este caso…

Y el caso es que a mí, a pesar de los gastos en tinte, las horas de plancha y la sensación de que me he gastado el dinero para nada, me sigue gustando más ponerme esos vestidos vaporosos de mirame-y-no-me-toques que ir a todas horas con unos vaqueros rotos porque todo el mundo los lleva y si no los llevo soy una cutre. Ya sé que eso va a suponer que alguien me mire raro, y que diga "¿Dónde irá ésta con esas pintas?"

Me gusta leer a Nepomuk, creo que hace uno de los mejores blogs que me he encontrado en mucho tiempo, muy bien escrito, con una personalidad fuerte y definida, y con una coherencia de conjunto envidiable, además de un estilo inconfundible Y también confieso que antes de todo esto alguna vez ya había pensado que alguien tan especial como este muchachito, tanto si era real y tangible, con DNI y entidad corpórea, como si era una creación literaria y etérea, debía tener detrás a alguien indudablemente interesante e inteligente, alguien que sabe combinar un raro cocktail de un humor salvaje, una cabeza amueblada con primor y una ternura desarmante. Y si Nepomuk, cosa que no he dudo, es tal y como su blog deja ver, creo que en mi post del otro día no verá más que lo que hay: la reflexión sincera de una persona que se vio de pronto rememorando decepciones pasadas, y pensando en voz alta sobre lo fácil que puede ser engañar y que te engañen, manipular y que te manipulen, hacer mal y que te hieran. Alguien que se agarra firmemente a la idea de que alguien como él tiene que ser real y si no lo es, debería serlo para que este mundo fuese un lugar un poco más ilusionante y luminoso. Pero también alguien consciente de que podría no serlo. Con lo que eso supone de pérdida de inocencia, de desencanto y de morir un poco...

Si mi pecado viene por ser sincera sobre mis temores, o lo que es lo mismo, por decir lo que siento o pienso, creo que voy a seguir pecando muy, muy a menudo. Tal y como lo vengo haciendo desde que abrí esta ventana, un lugar donde, afortunadamente, no me he autocensurado nunca, ni tengo intención de hacerlo. Porque me siento libre para poder ser sincera... Y esa libertad es algo que está por encima de filias y fobias, de lo virtual y de lo real, de la gente y del mundo entero. Porque es algo que me pertece.

Sólo mío.

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