viernes, 28 de octubre de 2005

Después de más de dos semanas sin posibilidad de entrar en la red, me he sentido un poco como uno de esos enfermos que sufren un ataque cerebral y de pronto se encuentran incapaces de comunicarse con el resto del mundo. El pobre hombre lo comprende todo, lo que le dicen los que le rodean y su tristísima situación, pero no puede hacerse entender por más que lo intenta. Salvando las distancias, quedarte sin conexión durante tanto tiempo cuando eres un habitual del medio es un poco lo mismo: tu sigues ahí, viviendo tu vida como siempre, pero para el mundo cibernético estás missing, que es lo mismo que no existir, que estar muerto. Esta situación de estar sin estar me ha llevado a pensar qué pasaría si, un suponer, yo tuviese un accidente de coche y me matara. Evidentemente, nunca más volvería a entrar en el blog. Y mi silencio podría interpretarse como lo que suele ser habitual en los casos de pausas prolongadas sin actualizar:se ha aburrido, está demasiado ocupada viviendo y no tiene ni tiempo ni ganas de contarlo, está enferma o tiene problemas técnicos. En cualquiera de esos casos, un buen bitacorero terminaría dando señales de vida: el aburrido podría un post culpable y justificativo contando que ya no tiene inspiración, el feliz vendría a decir que su blog ya no le hace falta ahora que no tiene penas que contar, el enfermo se curaría, y el que tuviese problemas con su conexión terminaría yéndose a un cibercafé o a una biblioteca. Casi nadie, salvo los fatalistas, se pondrían en lo peor, pero ésa es una posibilidad que está ahí. Si el dueño de una bitácora muere en su dimensión física y de carne mortal, su blog se quedaría ahí, congelado, como las habitaciones de esos adolescentes que mueren trágicamente y que sus padres se obstinan en conservar intactas hasta el fin de los tiempos. Estos días de desconexión obligada me han hecho pensar en que debería existir algo así como la figura de un albacea bloguístico. Una persona de confianza, que compartiera con uno las claves de acceso al blog y al que te uniera una relación más allá de la esfera cibernética, traspasándola y saltando a la dimensión corpórea y material. Alguien que, en casos extremos y dramáticos, pudiera cerrar con dignidad unos blogs que, de otro modo, quedarán flotando en el ciberespacio como cadáveres vivos, zombies a medio camino entre este mundo y el otro, seres a pesar de todo reales, tan reales que también mueren y que jamás descansarán en paz…

Por cierto, sigo sin conexión...

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