martes, 29 de noviembre de 2005

Duelen los golpes, todos. Y hacen daño siempre, porque la mayor parte de las veces lo de menos es su gravedad; no importa su profundidad, si son meros arañazos superficiales o cuchilladas hondas: el ser humano puede aguantar mucho más de lo que imagina. Lo que de veras provoca dolor, y marca, y mata, no es la puñalada en sí, ni el golpe bajo dado donde más duele, sino la mano que te acuchilla. Aunque la mayor parte de las veces lo que de verdad hiere de muerte sea la forma en que te atacan. Que sea algo inesperado, con una saña y un veneno que no concibes por injustos y desmedidos, y lo peor de todo, procedente de personas que jamás hubieses imaginado que podrían tratarte de ese modo.

Sí. Duele más la mano que hiere que la propia herida…

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