viernes, 18 de noviembre de 2005

Hay días en los que la fuerza de la realidad te golpea, te zarandea, te pega un par de leches bien dadas y de pronto paras, dejas de hacer durante un rato lo que estabas haciendo, abres los ojos y miras a tu alrededor. Y aunque lo que te rodea no ha cambiado respecto a hace un momento, ves las cosas de otra manera. ¿O quizás las ves al fin?

Y es que aunque no nos demos cuenta, el hecho de estar vivo es lo raro. Pero la vorágine de la rutina diaria hace que olvidemos lo frágil que es el hilo que nos mantiene unidos a la vida. Un corazón que late todo el rato… hasta que deja de hacerlo. Unos pulmones que funcionan sin que nos acordemos de que están ahí… hasta que el aire no es capaz de llegar hasta ellos. Y así con todo.

Hay días en los que de veras valoras que no te duela nada, esa sensación única de no sentir tu cuerpo sencillamente porque todo está en su sitio, haciendo lo que debe, y, en consecuencia, las alarmas no suenan. Días en los que te alegras especialmente de estar vivo, pero al mismo tiempo y paradójicamente, terminas quitando importancia a estarlo o no. No es que te dé igual morirte que seguir respirando, pero sí que te das cuenta de que morirse no tiene que ser tan malo, quizás sólo es jodido cuando la cosa es lenta y dolorosa, bastante injusto para los que se quedan y te van a echar de menos, y, eso sí, casi siempre inoportuno, y, en consecuencia, una putada las más de las veces. Pero la vida sigue, a pesar de nosotros y sin nosotros, y eso es tanto un alivio como una injusticia egoísta. Aunque el mundo se acabe cada día para todos aquellos que lo abandonan, nada se para, por nada ni por nadie.

Sin distinciones. Lo cual desasosiega, sí, pero tranquiliza bastante. Porque arrambla con todos: ricos, pobres, buenas personas, indeseables, grandes y chicos. Será por eso que la muerte, esa señora de la guadaña tan poderosa e implacable, escuálida y sin una brizna de carne en su esqueleto, luce en su rostro de calavera unas cuencas vacías, y no puede elegir a quién se lleva por delante…

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