martes, 27 de diciembre de 2005

Creo que, después de todo, he terminado por comprender de donde viene este desapego mio, año tras año màs y màs grande, por la cosa navideña. Yo, que era el espiritu navideño de la casa cuando era pequeña, la que movilizaba a mi madre para poner el àrbol, la que mandaba los christmas con tanta ilusion, la que deseaba y creia de verdad en esas cosas tan bonitas de la armonia y la paz universal, yo precisamente he terminado siendo lo màs parecido a una Mrs. Scrooge deseosa de que todo esto pase lo antes posible. El porqué lo estoy entendiendo ahora, aqui, precisamente en este lugar perdido de la Francia profunda. Rodeada de campo, abetos y nieve. Sumergida en lo mas parecido a una postal navideña. Y es que desde la que hoy es mi ventana, ahora mismo, en este instante, veo un abeto enorme, verde y blanco, y una gran explanada nevada, donde cinco niños corretean y se tiran bolas de nieve. Por ellos es por lo que tiene sentido decorar la casa, poner un àrbol y escribir postales. Por ellos no cuesta trabajo pensar en regalos y hacer paquetes primorosamente envueltos sin sentirse victima de una fiebre inutilmente repetida año tras año. Con ellos como pretexto tiene sentido todo. Ninguno de esos cinco niños es mio: ésa es la razon, no otra, de que la navidad sea para mi lo que ha terminado siendo. Un tiempo que, al igual que a las personas que han perdido a seres muy cercanos, solo sirve para poner mas de manifiesto su falta. Y me estoy dando cuenta de que es asi siempre, cada año, cada navidad de forma un poco màs virulenta: tan solo unos dias son capaces de dar al traste con un año entero de asumir lo que hay, de encontrar ventajas en lo que si se tiene en lugar de lamentarse por lo que falta, de lograr encontrar felicidad en lo que te ha tocado vivir. Un puñado de horas son capaces de hacer tambalearse a la estructura sobre la que se construye tu vida, que se te antoja fràgil, como una choza hecha con un puñado de juncos frente a un castillo inalterable con siglos de historia. Pero ese chamizo tuyo es tu hogar, en el que vives el resto del año, y en el que eres feliz...

Es ésta una época triste para muchos porque les recuerda lo que tuvieron, pero ya no tienen y nunca màs tendràn. Para mi también se ha convertido en un puñado de dias esperados con una cierta aprension, porque me muestran lo que no tengo y nunca tendré... Algo que el resto del año me importa poco, o me importa mucho menos, tan poco que apenas logra arañarme un poco el corazon, pero que ahora, no sé por qué, logra hacerme bastante daño. Y lo que es peor, hacerme sangre.

La Navidad, ajena a todo esto, sigue su curso. Y reflexionas, y llegas a la conclusion de que nada es bueno ni malo porque si, todo tiene la carga mortifera o sanadora que las circunstancias y nosotros mismos terminamos por darles. Los niños ya se han cansado de corretear sobre la nieve y ahora dibujan y colorean en el salon. Los regalos se amontonan por los rincones, abandonados a su suerte después de un primer momento de expectacion e interés: queda un año entero para jugar con ellos. Un año en el que, afortunadamente, ya no es Navidad. Y aunque tu hogar no sea un castillo con siglos de tradicion y antiguedad en sus muros, no te importarà. Puede que solo sea un chamizo fragil y vulnerable por los vientos y el espiritu navideño, una chabola silenciosa, sin carcajadas infantiles ni làpices de colores por los rincones, pero sabes que, pasada la marejada, resistirà. De nuevo. Como siempre. Porque quizàs tu chabola solo esté hecha de cuatro palos y un poco de paja, y no tendrà historia, ni una biblioteca con una chimenea, ni un escudo de armas milenario. Pero es tu casa, y alli eres feliz 360 dias del año. Porque es tu vida, la que te has creado con las cartas que te han tocado en la partida. Y ya se sabe, ni todo es la habilidad del jugador ni todo es la suerte...

Mientas tanto, sigue nevando fuera... Y lloviendo dentro.

Por cierto, Feliz Navidad a todos. 

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