lunes, 12 de diciembre de 2005

Hay gente que te aborda con un “Tienes mala cara. ¿Te pasa algo?”. Y a ti, mira por donde, hoy no te pasa nada. Así que te toca argumentar y justificar tu cara normal y corriente, tu estado absolutamente neutro, ni feliz ni dicharachero quizás, pero tampoco especialmente tristón ni alicaído, simplemente con la mente un poco más ocupada y concentrada que de ordinario. Pero ellos insisten. “¿De verdad? ¿En serio que no te pasa nada?”. Pues no, chiquillo, que no, que ésta es mi cara de todos los días, y si es mala imagínate cómo se me va a ir poniendo si sigues insistiendo y preguntando si me pasa algo. Inútil: el empeño por sonsacarte algo que no existe persiste, con una energía inagotable, casi centrífuga, hasta que tu paciencia va colmando su medida y al final sí, termina poniéndosete mala cara, una cara pésima, cara de perro loco y asesino, a punto de abalanzarte sobre su yugular, a ver si así se calla al ver que sí, que te pasa algo y el único culpable ha sido él. Y es en ese momento, cuando ya ha logrado sacarte de quicio o ponerte de un mal humor agrio y absurdo por lo inútil cuando al fin se calla y se va, convencido de su buen ojo al detectar las penas ajenas, aunque algo mustio por no haber podido ayudarte…

Y es que el camino del infierno está lleno de buenas intenciones… 

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