jueves, 15 de diciembre de 2005

Ultimamente ninguna melodía que escucho logra atraparme. Ninguna canción, ni siquiera mis preferidas, ésas que en otros momentos he adorado, que han hecho de mí lo que soy, ni ésas logran mantener mi atención. Ninguna música de las infinitas que nos rodean tiene poder suficiente como para sacarme del aburrimiento, del hastío, de la dejadez. Y es que ni siquiera soporto lo que parece ser la única solución en esos casos: el silencio.
En esos momentos, cada vez más frecuentes, me he dado cuenta de que siempre queda J.S. Bach…
Aunque me pregunto si será que ahora cualquier cosa que escuche después de haber descubierto a Johann Sebastián, es incapaz de atraparme, todas las canciones me hastían, me aburren, y nada logra mantener mi atención.

No me canso de escuchar los Conciertos de Brandenburgo…

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