viernes, 3 de febrero de 2006

Hace años, en una ingeniosa e inolvidable campaña publicitaria, el hombre de la tónica invitaba con una sonrisa a gente escéptica a probar una bebida amarga y difícil, de esas que odias o te encanta, insistiendo en que no importaba si de entrada no te gustaba, porque simplemente era cuestión de tiempo: era porque la habías probado poco.

A veces creo que en esta vida hay muchas cosas que son como la tónica. De entrada te dan escalofríos, incluso náuseas, pegas un respingo y dices “No, no trago”. Pero, con el tiempo, te relames, y quieres más. Y lo mismo que te hacía escupir y renegar termina convirtiéndose en algo que te embriaga, de lo que no te cansas, sino que quieres más, y más.

Lo confieso, siempre pensé que el hombre de la tónica era tremendamente atractivo…

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