jueves, 20 de abril de 2006

Atravesamos el presente con la vista puesta en el futuro y arrastrando un pasado que nos frena, incapaces de tirar un lastre que sí, nos pesa, pero también nos afianza en lo que hemos terminado siendo. Un afán de agarrarnos a lo que fue e intentar atrapar en una red llena de demasiados agujeros lo que aún no es y quizás nunca sea, nos hace deambular por el presente como almas en pena. Espectros de lo que fuimos, porque ya no lo somos, y sombras de lo que seremos o quizás no, pero que nadie nos garantiza que consigamos serlo, a pesar de nuestros milimétricos y bien trazados planes. ¿Qué queda para el instante? Queda la valentía de afrontarlo, con todas las incertidumbres del abismo de lo desconocido, sin la red tupida de un pasado ni el tul etéreo de un futuro, sin las ansias impetuosas de lo por venir y las pavesas melancólicas de lo que ya nunca volverá. El presente a veces es un lugar inhabitable, un territorio demasiado virgen al que da miedo aventurarse, un magma resbaladizo sobre el que demasiadas veces es imposible construir nada… Y es tan fácil reposar la cabeza en el hombro familiar y reconfortante del pasado como hacerlo en las rodillas firmes y sedosas de un futuro lleno de posibilidades...

El presente es todo lo que tenemos para seguir respirando, un aire demasiado puro que a veces marea, el grano aventado tras separar la paja de lo que fuimos y los brotes que, quizás, nunca lleguen a florecer dentro de unas cuantas primaveras. Y a veces, después de quitar tanto, queda tan poco...

Buscas entre las cenizas del pasado y los futuros despojos de un futuro que, pasará también, intentando encontrar la clave para navegar por un presente que viene sin mapa y sin manual de instrucciones. Y a veces encuentras cosas, pero otras no encuentras nada. O, lo que es peor, encuentras demasiado, tanto que no puedes abarcarlo todo…

Y mientras tanto, sin verlo apenas, el presente ya se ha convertido en pasado…

0 comentarios: