lunes, 17 de abril de 2006

Me gusta ver llover mientras las gotas rebotan contra el cristal. Y ahora puedo hacerlo libremente, porque no tengo a mi madre detrás de mí diciéndome "Baja la persiana, que se mancha el cristal"...

Me gusta abrir las bolsas de patatas fritas al derecho. Cuando era pequeña, mi madre las abría según caía, sin fijarse en algo tan inútil como que las letras estuviesen al derecho o al revés. Cuando lo hacía con las letras hacia abajo, me estropeaba el placer de comerme esa bolsa de patatas. Ahora sonrío cuando estoy a punto de abrirla cabeza abajo, y enseguida le doy la vuelta, para que las patatas me sepan ricas de verdad.


Me gusta pensar en los demás, ponerme en su lugar y salirme de mí, para centrarme en ellos. Cuando era pequeña, soñaba con la posibilidad de colarme en las casas de la otra gente, ver cómo era ser hija de esa señora tan guapa de la cola del pescado, o la hermana de esa chica rubia que siempre me encontraba en misa. Aún hoy me quedo pensativa mirando las luces de las casas de enfrente, pensando en cómo serán esas vidas que no son la mía. Cómo todo está lleno de vidas insignificantes que para cada uno son su universo entero. Y sigo sobrecogiéndome. Como cuando era pequeña.


Me gusta pensar en las cosas que me gustan. Cuando intento hacer lo mismo con las que no me gustan, me pongo triste. Creo que eso debe significar que soy una persona positiva.

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