jueves, 18 de mayo de 2006

Mayo es el mes de la alergia, los estornudos y el Ventolín a mansalva. También es el mes de los puentes, al menos en Madrid, casi a la par que el de Diciembre. Pero para mí, de un tiempo a esta parte, Mayo es el mes del Festival de Cine de Cannes. Algo más de una semana de cine hasta en la sopa, de la mañana a la noche. Mi semana cinéfila coincide con los primeros calores y es un auténtico respiro que me oxigena hasta las vacaciones de verano.

Necesito aire, eso es un hecho. Ha sido un invierno duro. Mis ojos agradecerán un paisaje nuevo. Poder dejar mi ventana habitual durante unos días, y acostumbrar mis ojos a la oscuridad de las salas de la Croisette. Dejar de escribir mi historia y dedicarme a escuchar las historias de otros.

Me voy, porque necesito volver.

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