sábado, 17 de junio de 2006

Han sido días raros, estos últimos. Tiempos revueltos que han dado para mucho. Para sentirme odiada y, también amada. Libre y atada. Angustiada y liberada. Emociones contradictorias. Ni buenas ni malas, tan sólo intensas y desestabilizadoras. ¿Soy buena o soy mala? ¿Merezco que me detesten o que me idolatren? Seguramente ni una cosa ni la otra. Pero a veces los afectos son ciegos e ilógicos, y las emociones descontroladas e incontrolables. No he hecho nada para merecer ni ese odio ciego y venenoso, ni su contrario, más halagador para mi ego pero igualmente desconcertante. Me siento rara cuando siento la envidia de gente a la que no he hecho nada malo morderme los pies, pero creo que me siento aún peor cuando siento un afecto que no puedo corresponder y que, mal manejado por mi parte, puede hacer mucho daño al otro.
Creo que he descubierto que no quiero que me quieran sin que yo lo autorice. Cosa imposible, claro está. Y que tampoco quiero que me odien a menos que me lo merezca. Aún más difícil. 

Pero es así como me he sentido estas últimas semanas: odiada sin motivo, amada sin razón. Sin que yo pudiese controlar ninguna de las dos situaciones.

Víctima y verdugo.

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