domingo, 25 de junio de 2006

No tengo ganas de nada. Sería fácil achacárselo al calor, pero no. Mi apatía va más allá de la climatología. Leo y las letras me resbalan por el cerebro, sin penetrar en él, chorreando como las gotas sobre un buen chubasquero. Pienso en ir a dar una vuelta, y la idea se va por donde ha venido antes de que me dé tiempo a ponerme las sandalias y coger las llaves de casa. Estoy sola y aburrida, y ni siquiera la idea de estar con alguien y que el aburrimiento me abandone me seduce. Vamos, que me importa poco, por no decir nada.

Mi cabeza no está para nada, ni para nadie.

Ni siquiera para mí.

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