martes, 4 de julio de 2006

Lo que son las cosas. Resulta que ahora me entero de que tengo un blog con textos “un tanto depresivos”, y, casi al mismo tiempo, de que mi autoestima está por los suelos (malditos test de Psicologies…). Y me sorprende, y miro a mi alrededor, a ver si es que están hablando de otra, pero no, soy yo. Y no me reconozco, precisamente porque estoy viviendo un momento en el que no me siento especialmente desgraciada, sino todo lo contrario. Al fin miro la soledad como algo ajeno, como esas cosas que les pasan a los demás, porque no sólo mi vida es menos solitaria que nunca, sino que tampoco me siento sola. Sigo disfrutando de mi parte antisocial y arisca, la sigo necesitando como el diabético necesita su inyección diaria de insulina, pero sabiendo que no estoy encerrada en esa parcela, sino que puedo elegir entrar en ella y salir cuando quiero o cuando me hace falta. Y eso es todo un logro para alguien como yo, que siempre pensó que era alguien condenada a estar eternamente sola. Una conquista que, sin darla por perdida, pensaba que no era algo a mi alcance. Me equivocaba.

Por otro lado, en lo que respecta a lo laboral, estoy viviendo momentos tensos, pero vienen ya de tan lejos en el tiempo que los miro como si de un “dejavu” se tratara, vividos ya anteriormente con angustia y desazón, pero vistos ahora con una distancia no fría, pero sí mucho más templada, con un dominio de mi propio miedo que llega a sorprenderme. Supongo que estoy madurando, y lo más curioso es que me estoy dando cuenta del proceso. Estoy descubriendo lo que es sentir una angustia controlada y controlable, que por fin no me arrastra como un caballo desbocado a un jinete enganchado en el estribo. Es una zozobra tan pavorosa como pudo haberlo sido en cualquier otro momento de mi vida, pero la diferencia está en que aunque ese miedo me siga llevando al borde del abismo, ahora soy capaz de vivir de otra manera esos momentos tensos, disfrutando de su parte adrenalítica, del subidón del riesgo, de la emoción de lo difícil, y me sorprendo a mi misma resolviendo bastante aceptablemente y sin que me tiemble demasiado el pulso situaciones que antes me engullían, en lugar de quedarme paralizada ante el miedo puro y duro, tal y como hacía antes.

Miro a mi alrededor, me miro y por primera vez en mucho tiempo, tengo la sensación de que todo va bien. Conmigo. Con los demás. Con mi vida.

Supongo que lo que ahora toca es aprender a reflejarlo aquí… 

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