martes, 5 de septiembre de 2006

Leo por ahí los post lógicos tras las vacaciones de verano, en los que sus autores cuentan un poco de todo: batallitas veraniegas, síndromes post-vacacionales varios, ligues de estío, en fin, lo propio, y me siento incapaz de hacer uno contando por dónde he estado y que he estado haciendo, o lo fácil que me resulta volver a la rutina después de los paréntesis de descanso. La verdad es que siempre he tenido más capacidad de síntesis que de enrollarme. Ya me pasaba en los exámenes, quizás por la costumbre de estudiar haciendo mil y un esquemas, pero no podía hacer lo que los demás, eso de meter paja y enrollarme para ocultar lo poco que sabía. O sí o no. O lo cuento de manera rápida y concisa, o no lo cuento. Pues me temo que me estoy volviendo más y más sucinta a la hora de expresarme según pasa el tiempo. Si me obligara a mí misma a escribir la típica redacción de "Cómo han sido tus vacaciones", seguramente sería una sosez sin chispa ninguna. Así que me salto el trámite de contar mis vacaciones con detalle y paso directamente a volver a la vida normal.

Para saber de lo que hablo, o sea, de lo que yo soy incapaz de hacer pero que envidio y admiro (más que nada, para poder leerlo dentro de unos años y volver a disfrutar en cierto modo de ello, cuando no me acuerde de nada de nada, cosa que sucederá inevitablemente…) un botón de muestra: el inimitable y saleroso Dwalks. Y como éste, hay tres más.


A su lado, me siento una sosaina insufrible y aburrida.

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