viernes, 27 de octubre de 2006

A pesar de tener a mi disposición la red para bajarme canciones, ni tengo mula ni borrico, sencillamente porque no lo utilizo nunca y aunque lo probé en su momento, por ver cómo iba la cosa, terminé por desinstalarlo, harta de estar constantemente acojonada de tener un caladero de virus total para nada. Y es que prefiero tener los discos originales, no por conciencia cívica con los autores y sus derechos, que también, pero más que nada porque me pierden los colorines de las portadas, los cuadernillos con las letras y todas esas cosas que los creativos del marketing se curran para que pardillos como yo caigamos en sus redes. Pero no soy una presa tan fácil, pues nunca me verán por la sección de superventas. Jamás. Lo que a mí me gusta es encontrar discos de oferta, esos que en su día no me llegué a comprar, y que pacientes, me esperan en la estantería equivocada, dejándose ver sólo cuando yo me paro, quedándose ahí, ellos solos, mezclados entre los demás, fuera de lugar, pero en el sitio exacto…

Resabios de niña pobre, supongo…

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