viernes, 24 de noviembre de 2006

Las mentiras tienen las patas muy largas, por lo que son capaces de recorrer distancias considerables en nada de tiempo. ¿Acaso hay algo más rápido en propagarse que una mentira? Pero también sus patas son muy finas, tremendamente frágiles, quebradizas como el barquillo, y al menor obstáculo o imprevisto se rompen, tirando por tierra todo el tinglado que se construye en torno a ellas, esa gran bola de nieve que crece a ojos vista cuando nos arrancamos a mentir, y que rápidamente se nos escapa de las manos sin que podamos hacer nada por evitarlo. Y es que llega un momento en que sería peor el remedio que la enfermedad...Por el contrario, la verdad es rechoncheta y chaparrita, testaruda y perseverante, con unas patitas cortas, pero fibrosas, que la llevan a su destino de manera lenta, demasiado para los impacientes, pero con la ventaja de hacerlo a un paso seguro y firme. Un ritmo lento, que le permite sortear los obstáculos del camino y prever con antelación cualquier eventualidad. La verdad siempre emerge, incluso cuando nadie la espera ya, aunque tarde mucho tiempo, a veces demasiado, y los propios interesados ni siquiera estan ahí para verlo. Pero incluso en esos casos extremos, cuando ya se podría afirmar que ni merece la pena, siempre queda el regusto dulce de comprobar que, a pesar de todo, la verdad siempre encuentra su sitio.

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