martes, 28 de noviembre de 2006

No es resignación. Es capacidad de adaptación. Sacar partido a lo que te ha tocado en el reparto. Buscarle el lado bueno. Y encontrarlo.

Ser capaz de construir tu vida sobre los cascotes de un fracaso en toda regla. Y comprobar que es bonita. Cómoda. Acogedora. Sólida.

Nada parecido a lo que esperabas. Pero quizás algo mucho más cercano a lo que, sin saberlo, realmente deseabas.

Vivir. Capeando el temporal. Constantemente. Sin descanso. Vapuleados por la tormenta, pero, sin saber muy bien cómo, terminando por salir a flote.

Aunque sea varados en una playa desconocida, hostil.

Pero vivos.

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