lunes, 13 de noviembre de 2006

Podría vivir al raso, a merced de los elementos, cobijándome por las noches en uno de tus “Te quiero”, bien arrebujadita, sintiendo la completa seguridad de que nada ahí fuera podría ser lo bastante fuerte, lo bastante hostil, como para poder hacerme daño. Y sólo sería eso, un sentimiento, una ilusión, pero ¿quién necesita un certificado de realidad cuando la sensación es tan intensa? Aunque también sé que soplarán vientos adversos, porque nadie está a salvo de las eventualidades, de los chubascos, de la mala suerte. La manta de tu cariño se mojará, y entonces resultará más pesada que nunca, pero no encogerá, aunque ¿y si destiñe? En ese caso, yo no me daré cuenta hasta que salga de nuevo a la calle, y la gente me mire raro, porque estaré llena de “Te quieros” pequeñitos por todo el cuerpo, como si de pronto me hubiese brotado la varicela. Y la gente me dirá “No te toques, o te quedarán marcas”. Y yo, me reiré en su cara, y no dejaré de rascarme, porque una vez que empiezas no puedes parar, y porque no me importa que, hasta el último día de mi vida, todos sepan que tú me quieres.

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