viernes, 22 de diciembre de 2006

Acabo el año de vacaciones. Un respiro necesario después de meses intensos en lo laboral. Intensos y conflictivos. De muchos momentos de angustia y bastantes más de desánimo absoluto. De esos de estar a punto de tirar la toalla, pero no hacerlo. Porque tirar por la borda el esfuerzo de mucho tiempo es algo que cada día me pienso más, y al final no lo hago. Antes bastaba con que me sintiera atrapada para que me revolviera e intentara desatarme, y lo lograba, pegaba el portazo y hala, a otra cosa. Ahora ya no puedo actuar así. Ahora rendirme cuando las cosas se ponen feas me parece una cobardía, y una pérdida de tiempo y de sufrimiento no aprovechado. Así que ahora lo sigo pasando mal cuando toca, sí, pero al final remonto. Siempre. Aunque solo sea por rentabilizar esos malos ratos. Me he vuelto muy práctica, yo.

Así que dejo la ventana con la persiana subida, pero con los visillos echados. Para que parezca que no me he ido y no entren ladrones…

Aunque si los cacos entraran se podrían llevar poco de lo que es auténticamente valioso para mí…

Porque esas cosas, las importantes, siempre van conmigo…

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