martes, 12 de diciembre de 2006

Cuando pierdes el miedo, todo es posible. Absolutamente todo, lo mejor y lo peor. Lo mejor viene rodado una vez que te has deshecho del mayor freno para la felicidad, del lastre más pesado que tantas vidas llevan consigo como una cruz, desde la cuna hasta el ataúd; una vez que logras desatar el nudo y lo dejas en el camino te sientes capaz de afrontar casi todo. Y lo peor también termina rondándote más a menudo cuando te atreves a más cosas; cuando ya has experimentado la sensación de sentirte libre, de ser dueño de tus decisiones sin angustias, sin culpas, sin sombras, te vuelves incluso temerario, y a veces no mides bien tus fuerzas, y puedes llegar a estrellarte. Y puede que ya no te asustes como solías, pero los golpes siguen doliendo. Y las decepciones escuecen igual. O más, si cabe.

Yo ya no tengo miedo. Bueno, si acaso me queda un poco, lo justo para no estar indefensa ante la adversidad, el recelo propio del instinto de supervivencia, pero he ido perdiendo el que más daño me ha hecho desde que recuerdo: el miedo al miedo. Y es una sensación tan placentera ésta de no estar asustada constantemente que no termino de acostumbrarme; soy como una nueva rica que, a pesar de tener la cuenta del banco a rebosar, aún no puede evitar mirar de reojo los botes de guisantes de oferta. Me asombra observar cómo he ido desprendiéndome a lo largo de los últimos tiempos de ese malestar ante cualquier contrariedad, esa sensación de que el mundo se me venía encima constantemente, ese sentimiento de desamparo, esa vulnerabilidad y esa incapacidad para defenderme y atacar. Ahora no sólo puedo hacerlo si me siento amenazada sin que me tiemble el pulso; es más, la polémica me estimula, el conflicto me parece un punto de partida para replantearse las cosas, para tirar por tierra cosas que no sirven, para crecer. Quien me ha visto y quien me ve. De mosquita muerta a mosquito picón.

¿Cuál será el siguiente paso? ¿Perderé la vergüenza y me convertiré en una mujer fatal? ¿O me resbalará todo lo material de este mundo y me dará la vena mística?

Me muero de curiosidad...

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