miércoles, 24 de enero de 2007

Admiro a esa gente que no se ahoga en un vaso de agua, sino que, en un gesto de gamberrismo y descaro, decide tirarse de cabeza al vaso, y sale al rato tan campante, tiritando, con los dedos arrugados, pero con una refrescante sonrisa de oreja a oreja.

Lástima que yo aprendiera a nadar tan tarde y me guste tan poco el agua...
Pero, ¿qué demonios?
Que sea lo que Dios quiera…

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Splashhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!!!!!!!!!!!!!!!!!

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