miércoles, 17 de enero de 2007

En casa de mis padres nunca hubo discos. Una radio, y sólo de AM, con la ruleta de las emisoras tan floja que para poder escuchar algo había que sujetarla con un mondadientes. A mis padres les parecía una pérdida de tiempo y dinero comprarte un disco que podías escuchar en la radio, así que lo máximo que conseguí fue un radiocasette con el que me grababa de los 40 principales lo que buenamente podía, siempre a medias, claro, y con los inevitables gritos de "Será tres, dos o unooooo..." de Joaquín Luqui. Afortunadamente, la música no me llamaba especialmente la atención, solamente intentaba estar un poco al día para poder hablar con algo de conocimiento del tema con la gente de clase. Intentos desesperados de integración. Bastante inútiles, por cierto. Porque cuando mis compañeras babeaban sobre las páginas del Superpop, yo descubría “Fortunata y Jacinta”, por ejemplo. Supongo que se me notaba demasiado que me importaba poco lo guapo que era Miguel Bosé y menos aún conocer los trucos para saber besar bien. A mi me bastaba con imaginarme a Juanito Santacruz desnudando con ojos febriles a Fortunata en su mente mientras besaba protocolariamente a Jacinta…

Supongo que, después de todo, debería estar agradecida a mis padres por conservar durante tantos años la radio del palillo… 

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