lunes, 22 de enero de 2007

Esas pequeñas cosas que consiguen que una tarde cualquiera se convierta en una tarde especial:

- Abrigarte bien.

- Coger la bicicleta.

- Redescubrir con asombro y gusto que tu lugar de residencia es llano, o sea, que no llegas con la lengua fuera y sudando tinta, sino que desplazarte hasta el centro del pueblo es un placer.

- Acercarte hasta el cajero y poder sacar dinero sin tener que mirar a todos lados. El banco está al lado del ayuntamiento, donde casi constantemente hay un coche de la policía municipal aparcado. No es ninguna garantía, pero, ¿qué demonios?, tranquiliza bastante.

- Comprarte un bollo. Y no tener remordimientos porque estés comiendo entre horas. No estás haciendo ninguna dieta. Ni la has hecho en tu vida, porque no te ha hecho falta. Un privilegio en los tiempos anoréxico-bulímicos que corren...

- Comértelo sentada en un banco, mientras ves a la gente pasar. Ver con regocijo que no vives en un pueblo muerto, porque aparte de los jubilados ociosos corretean niños de todas las edades, adolescentes con el tanga al aire a pesar del frío pelón que hace, y adultas normales y corrientes, como yo misma. Un poco de todo.

- Recordar de repente que no tienes ni una gota de vino para el pollo en salsa que quieres hacer esta noche para cenar. Y no es cuestión de abrir esa botella de Sauternes para guisar…

- Comprar una botella de vino blanco en el Día. A punto de comprar un tetrabrik, por eso de ir en la bici, pero aunque una no entiende mucho de vinos y alcoholes varios, hay límites de cutrismo que no deben ser superados.

- Asistir a una discusión de lo más divertida en la cola de la caja por un “quítate de ahí que yo estaba antes”. Es increíble la energía de ciertas ancianas cuando alguien más joven y con acento sudamericano insinúa la posibilidad de colarse.

- Coger de nuevo la bici que dejaste atada a un banco, mientras una niña descubre con asombro el milagro de la combinación de un candado de números.

- Dejar la bici en el garaje.

- Subir a casa.

- Sentirte afortunada y dar gracias por ello.

- Poder contarlo.

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