jueves, 11 de enero de 2007

No me llevo bien con las mujeres. Con algunas sí, claro, pero muy pocas veces he logrado crear con ellas ese clima de complicidad y entendimiento al que sí que me resulta fácil llegar con los hombres. No sé por qué, pero con los miembros del género masculino todo es sencillo. No me siento mirada como una competidora, ni como una enemiga potencial, mis actitudes no se malinterpretan como maniobras para pisar a nadie, ni para resultar mejor que los demás. Me resulta imposible seguir esa lógica femenina retorcida y carroñera con el propio género. Me cansa terriblemente. Supongo que mi lado masculino ahí se impone, y no puedo, sencillamente no puedo pensar tan allá, ni ver tanto.

Nunca he tenido una mejor amiga. De esas que son casi como hermanas, que siempre están ahí, para irse de compras contigo o para irte a su casa a ver fotos de cuando eráis pequeñas, y a las que confías tus pensamientos más secretos sin dudarlo, porque hablar con ellas es como hablar contigo misma. Yo no conozco eso. Sé que existe, porque me lo han contado. Y lo he visto en las películas. Y sí, lo he envidiado toda mi vida. Pero me temo que me quedaré sin catarlo...
No desespero, ni sufro por ello, quizás porque se me pasó ya el tiempo de exasperarme por algo así, quizás porque tampoco espero ya… Me da un poco de pena, eso sí, pero como de tantas otras cosas que sé que no son ni serán nunca para mí.

Mirando, apoyada en el quicio de la ventana, como les pasa a los demás…

0 comentarios: