sábado, 31 de marzo de 2007

Desconozco por qué extraño mecanismo de la mente hace tanta ilusión encontrarse algo en la calle. Será por eso que decían nuestras madres de que “Lo que hay en España es de los españoles”, y lo de tropezarse con algo que otro perdió y que parece estar esperándote a ti es tan emocionante e irrevocable. Debemos tener algún resorte oculto en lo más hondo del subconsciente que salta inmediatamente cuando te topas en la calle con un billete de 20 euros, o cuando al acercarte a tu coche compruebas que junto la puerta del que está aparcado detrás de ti hay una pulsera caída que parece estar gritándote “Cógeme, soy para ti”. No tiene por qué ser un maletín con un millón de euros, ni un collar de diamantes, porque en esos casos la alegría inicial es absolutamente democrática, da igual lo que te hayas encontrado. Pero si el valor de lo hallado es demasiado grande, después del primer alegrón, la mala conciencia, el sentimiento de culpa y el miedo a que te pillen puede terminar estropeándolo todo y rompiendo la gracia del asunto de un plumazo. Aunque ese primer impulso de agacharte mientras compruebas con espeluznante rapidez que nadie más se ha dado cuenta, ese subidón de adrenalina y emoción que puede cambiarte el día, es algo que no tiene precio ni tiene que ver con el valor de lo encontrado. Porque es muy posible que sólo se trate de una baratija, o de un billete que sólo te permitirá comprarte una camisetilla de algodón o tomarte unas cañas, pero el primer fogonazo después de verlo ahí tirado, en medio de la calle, esa décima de segundo en la que de golpe te das cuenta de que alguien ha perdido algo y tú, precisamente tú, te lo acabas de encontrar y es para ti, ese gustazo, no te lo quita nadie. Y por muy buena persona que seas, empática y compasiva, la sombra del que perdió lo que tú has encontrado, su disgusto, su desazón, su desesperación incluso, no consiguen fastidiarte el momento... Quizás pasen como un relámpago por tu mente, pero sólo dejaran una estela tenue, que se deshará rápidamente, desbaratada por la fuerza de tu alegría insensata, egoista y un punto infantil...

Y es que para que alguien gane, otro tiene que perder…

0 comentarios: