lunes, 19 de marzo de 2007

No suelo ser aprensiva en lo que a mi salud y la de los míos se refiere, al menos no más de lo aconsejado por el sentido común. Incluso puedo afirmar que en los intervalos que van de un año a otro de las ITVs recomendadas, me olvido casi totalmente de que tengo un cuerpo que puede fallar y al que hay que mantener. No me machaco, pero tampoco me obsesiono. Con lo cual llego a las revisiones rutinarias de cada año de golpe y porrazo, como en un pestañeo, y es entonces cuando me entran el cangüelo y las angustias. Porque a mi no me gusta ir al médico. Pero nada de nada.

Y bueno, como da la casualidad de que me coinciden todas por las mismas fechas, o sea, a primeros de año, ahora me encuentro de repente con un ojo con la retina agujereada, una muela que me duele, y lo que te rondaré morena, porque aún me falta alguna que otra visita a los galenos, y no precisamente de las más cómodas y agradables para las féminas…

Que conste que no tengo crisis de los 40, pero voy a tener que empezar a asumirlo:

Una persona sana no es más que un enfermo sin diagnosticar…

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