domingo, 15 de abril de 2007

De nuevo, cíclicamente como ocurre con tantas cosas en mi vida, me encuentro en una época especialmente lectora. Saco libros de la biblioteca de dos en dos, y los devuelvo antes de que pasen los quince días reglamentarios. Echo de menos ir a trabajar en tren o metro para poder leer más. Y ocurre algo que, aunque no es nuevo, me está afectando más que otras veces: cuanto más leo, menos me gusta lo que yo escribo. Quizás por eso llevo años sin conseguir acabar un relato, concretamente cuatro (¡cuatro ya!): porque me gusta demasiado leer lo que otros escriben, y todo lo que a mí se me ocurre me parece mucho peor. Lo malo es que me está empezando a pasar eso también con el blog. También ahora leo muchas bitácoras, y no sólo los posts del día: me zambullo en los archivos de mis blogs favoritos y me deleito con cosas ya leídas, o me lanzo a la busca y captura de nuevos horizontes y descubro nuevos blogs, algunos muy interesantes. Y es que me estoy dando cuenta de que últimamente disfruto mucho más leyendo lo que otros cuentan que contando mis cosas. O a lo mejor es que, aunque me resista, mi lado menos exhibicionista y más observador es mucho más fuerte de lo que parece, soy aún más “señora que escucha” de lo que creía, y no me veo en el papel de ser yo la protagonista: la que cuenta lo que le pasa mientras los demás miran y escuchan.

¿Qué me pasa? ¿Un ataque de pudor a estas alturas? No creo. ¿Aburrimiento o saturación de blog, después de cuatro años al pie de la ventana? Quizás. O, peor aún, ¿será que mi vida y yo somos tan sin sustancia y aburridos que ya no tengo nada que dejar ver a través de esta ventana que merezca realmente la pena?

A suivre…

0 comentarios: