martes, 24 de abril de 2007

Hay algo mucho peor que la añoranza por lo que un día tuvimos y perdimos para siempre. Es ésa otra una melancolía mucho más profunda, con unas raíces mucho más hondas y retorcidas, una tristeza intensa, subterránea y velada, pero tan cáustica como la lava de los volcanes fraguándose antes de salir a la superficie. Porque esa melancolía, ésa que supera con creces la tristeza de recordar lo que fue pero ya no es, es como un volcán dormido, latente pero activo, que de vez en cuando despierta para arrasar tu cotidianeidad de manera silenciosa, discreta incluso, pero no por eso menos dañina e hiriente.

La nostalgia por lo que no tendremos nunca.

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